Ciudades vivas y turismo regenerativo

Durante más de dos décadas, el turismo sostenible ha sido el principal marco de referencia para la planificación turística. Tal y como lo define ONU Turismo se trata de un modelo que tiene en cuenta los impactos económicos, sociales y ambientales presentes y futuros del turismo, atendiendo tanto a las necesidades de los visitantes como de las comunidades anfitrionas. Este enfoque ha permitido avances relevantes en eficiencia, reducción de impactos y gestión ambiental en numerosos destinos.

Sin embargo, en un contexto marcado por el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, las desigualdades sociales, las dificultades de acceso a la vivienda o la creciente presión turística sobre determinados territorios, una parte de la literatura académica y profesional se pregunta si reducir los impactos negativos es suficiente.

Es en este contexto donde gana presencia el concepto de turismo regenerativo.

Profesionales y practitioners del turismo regenerativo, como Anna Pollock y Loretta Bellato, plantean que este enfoque no consiste simplemente en “hacer menos daño”, sino en contribuir activamente a restaurar y fortalecer los sistemas sociales, culturales y ecológicos de los destinos. Desde esta perspectiva, el turismo deja de entenderse como un sector aislado y pasa a formar parte de sistemas vivos interdependientes, en los que las decisiones turísticas influyen directamente en la resiliencia del territorio.

Desde este enfoque, el turismo regenerativo no se define como un nuevo tipo de producto, sino como un cambio de mentalidad y de gobernanza. Este cambio de gobernanza exige procesos democráticos e inclusivos, basados en la implicación real de comunidades locales, administraciones, tejido económico, sector cultural y otros actores del territorio. Supone mantener los principios de eficiencia y reducción de impactos propios de la sostenibilidad, pero añadir una ambición mayor: dejar los destinos y las comunidades en mejores condiciones de las que se encontraron, creando valor social, ambiental y económico a largo plazo. A diferencia de enfoques centrados exclusivamente en la mitigación de impactos, la regeneración propone también trabajar desde el potencial de cada territorio: identificar qué dinámicas locales pueden fortalecerse, qué relaciones pueden cuidarse y qué capacidades ya existen y pueden desplegarse.

¿Qué significa todo esto en una ciudad?

Esta base conceptual resulta especialmente relevante en el ámbito urbano. Aunque el turismo regenerativo se ha desarrollado y visibilizado con mayor frecuencia en destinos naturales, rurales o de alto valor ecológico, su aplicación en las ciudades es cada vez más necesaria. Precisamente en los entornos urbanos es donde el turismo interactúa de manera más directa con cuestiones como el acceso a la vivienda, el uso del espacio público, la movilidad, la convivencia o la identidad de los barrios. Por ello, avanzar hacia un enfoque regenerativo en el turismo urbano exige articular de forma integrada la planificación urbana, la cohesión social, la calidad de vida y la gestión de los flujos turísticos, más allá de los indicadores tradicionales de crecimiento. En este marco, la regeneración urbana se consolida como un enfoque clave para abordar de forma integral los desafíos sociales, económicos y ambientales de las ciudades contemporáneas.

Más allá de la renovación física del espacio urbano, la pregunta pasa a ser qué papel puede desempeñar la actividad turística dentro de una estrategia más amplia de bienestar urbano: cómo puede contribuir a mantener comercio local, recuperar patrimonio, financiar infraestructuras verdes, fortalecer proyectos comunitarios, mejorar los ecosistemas urbanos o generar relaciones más equilibradas entre quienes visitan y quienes habitan la ciudad.

Es precisamente aquí donde el turismo regenerativo conecta con la regeneración urbana.

La regeneración urbana contemporánea va mucho más allá de rehabilitar edificios o renovar calles. Aspira a combinar mejora física, revitalización económica, cohesión social, adaptación climática, biodiversidad y fortalecimiento comunitario. Este enfoque encuentra hoy correspondencias claras con la Nueva Agenda Urbana de ONU-Hábitat, el ODS 11 y, en el contexto europeo, con la New European Bauhaus, que ha incorporado expresamente enfoques regenerativos, inclusión social, democracia local y transformación participativa de los barrios.

ODS 11: Ciudades y comunidades sostenibles. Integrar una lógica regenerativa en la planificación del turismo urbano permite alinear movilidad sostenible, uso del espacio público y calidad de vida.

La ciudad como laboratorio regenerativo

En el contexto europeo, varias ciudades han incorporado de forma progresiva una filosofía urbana más regenerativa, con implicaciones directas para el turismo urbano. Barcelona ha sido pionera en la reconfiguración del espacio urbano mediante iniciativas como las superilles y el urbanismo táctico, orientadas a reducir el tráfico y reforzar la vida de barrio. Valencia, a través de la renaturalización del antiguo cauce del río Turia y su apuesta por la movilidad activa y los espacios verdes, ha consolidado un modelo de ciudad más saludable y accesible. Málaga, por su parte, ha impulsado procesos de regeneración urbana vinculados a la cultura y la revitalización del centro urbano como motores de transformación económica. A nivel internacional, ciudades como Copenhague destacan por una visión integrada de regeneración urbana que combina movilidad sostenible, relación con el agua y calidad del espacio público. La iniciativa Copenpay, por ejemplo, experimenta con otra dirección: incentivar a los visitantes para que determinados comportamientos (desplazarse en bicicleta o transporte público, participar en acciones ambientales o permanecer más tiempo en el destino) produzcan beneficios para la ciudad.

Como muestran estos casos, la innovación desempeña un papel clave en los procesos de regeneración urbana. En este marco, han surgido diversos movimientos urbanos contemporáneos que ejemplifican nuevas aproximaciones a la regeneración urbana, poniendo el foco en la habitabilidad, la salud y la reconexión con la naturaleza, entre los que destacan:

Recuperación de ríos, puertos y frentes marítimos urbanos para el baño y el uso recreativo, a partir de mejoras en la calidad del agua y en el diseño del espacio público.

Renaturalización de las ciudades mediante la restauración de ecosistemas urbanos, el fomento de la biodiversidad y la integración de soluciones basadas en la naturaleza.

Desarrollada conceptualmente por Carlos Moreno y otros investigadores, introduce la proximidad como principio urbano, garantizando el acceso a servicios, espacios verdes y equipamientos culturales en distancias caminables o ciclables.

Este tipo de iniciativas reflejan un cambio de paradigma hacia ciudades más habitables, resilientes y experienciales, donde la regeneración urbana no solo mejora la calidad de vida de los residentes, sino que también contribuye a un modelo de turismo urbano más equilibrado y resiliente.

Desde esta óptica, la regeneración urbana resulta especialmente relevante para el turismo urbano, al entender la ciudad como un ecosistema compartido en el que coexisten residentes y visitantes. Las estrategias orientadas a mejorar la habitabilidad, el acceso al espacio público, la movilidad sostenible y la calidad del entorno urbano para la población local contribuyen, de forma indirecta, a generar experiencias turísticas más auténticas, equilibradas y sostenibles.

De los proyectos a la gobernanza

El verdadero desafío aparece cuando se intenta pasar de iniciativas aisladas a una transformación sistémica.

Para ello no basta con crear experiencias denominadas regenerativas. Es necesario incorporar esta lógica a las políticas de vivienda, movilidad, cultura, comercio, espacio público, naturaleza urbana y desarrollo económico, así como a las estrategias turísticas.

También resulta necesario medir cosas diferentes.

Además de indicadores clásicos como visitantes, gasto o empleo, una mirada regenerativa obliga a observar la salud de los ecosistemas, el bienestar comunitario, la diversidad económica, la integridad cultural, el acceso a la vivienda y al espacio público, la percepción de los residentes o la capacidad de colaboración existente en el territorio.

La finalidad no debería ser crear un nuevo índice universal de “regeneración”, sino disponer de sistemas de seguimiento que permitan aprender si las intervenciones están fortaleciendo realmente las capacidades ecológicas y sociales del lugar.

Precisamente esta transición entre teoría y práctica aparece en proyectos europeos como Regenera4MED, que está desarrollando y probando en distintos territorios mediterráneos herramientas de gobernanza, implicación comunitaria, evaluación y aprendizaje orientadas al turismo regenerativo. Su planteamiento reconoce que no existe una receta única y que cada territorio necesita construir su propio proceso.

Esta perspectiva transforma también el papel de quienes trabajamos en planificación y consultoría.

La función no debería consistir en llegar a un territorio con un modelo previamente diseñado y aplicarlo. El valor se encuentra más bien en crear las condiciones para que los diferentes actores puedan comprender el sistema del que forman parte, construir una visión compartida, identificar capacidades existentes, afrontar conflictos y experimentar conjuntamente nuevas soluciones.

Desde este enfoque, el papel de Daleph se situa precisamente en ese espacio de acompañamiento y facilitación: conectar políticas urbanas y turísticas, generar conocimiento, diseñar procesos participativos, construir marcos de gobernanza y ayudar a transformar aprendizajes en decisiones públicas.

Porque la regeneración no es un estado final que pueda certificarse.

Es un proceso continuo de aprendizaje.

Entender el turismo como una posible palanca para regenerar, y no únicamente como una actividad cuyos impactos deben gestionarse, abre un campo especialmente fértil para las ciudades. Pero también eleva el nivel de exigencia: obliga a hablar de territorio, relaciones, poder, justicia, límites y bienestar colectivo.

Quizá ahí se encuentre la principal aportación de la mirada regenerativa al turismo urbano: dejar de preguntarnos únicamente cómo gestionar el turismo en la ciudad, sino cómo integrarlo en un sistema vivo, poniendo en el centro a quienes la habitan y reforzando su capacidad de regenerarse, adaptarse y ser más resiliente.

Arnau Bosch (Equipo de Turismo en Daleph)