Política Exterior Feminista y Cooperación Internacional: una estrategia para la garantía de los derechos humanos

La incorporación de la perspectiva feminista en la acción exterior

La Política Exterior de un Estado constituye el conjunto de acciones, estrategias y decisiones que orientan su interacción con otros Estados y actrices del escenario internacional. Entre sus instrumentos más visibles se encuentra la Cooperación Internacional, la cual promueve la mejora del bienestar y calidad de vida de las personas en terceros países mediante la canalización de capacidades institucionales y recursos.

Actualmente, resulta imprescindible desplegar una Política Exterior para la protección de derechos y garantía efectiva entre todas las personas, al mismo tiempo que sitúe a diferentes colectivos como agentes de participación y cambio. Esto implica asimismo repensar las actuales aproximaciones a la Cooperación Internacional.

En este sentido, la Política Exterior Feminista emerge como un paradigma en el que los Estados interactúan situando en el centro la igualdad de género y los derechos humanos de la mujer y otros grupos tradicionalmente vulnerados. Esto se vería reflejado, por ejemplo, a través de interrumpir estructuras patriarcales en todos sus niveles de influencia (asistencia, comercio, defensa y diplomacia); dotar de recursos a programas y proyectos que impulsen la igualdad, e implementar cambios en la organización de las instituciones, siempre de la mano de activistas, grupos y movimientos feministas (International Center for Research on Women – ICW (Thompson, L. y Clement, R. 2019)).

La Cooperación Internacional se configura, así, como uno de los principales instrumentos para materializar estos principios en actuaciones concretas. Pensar la Cooperación Internacional en clave feminista supone que las actuaciones se lleven a cabo en horizontalidad, siempre teniendo en cuenta tanto las expectativas como las necesidades de las actrices y agentes involucrados en el territorio, y creando sinergias coherentes con los feminismos y la ética de los cuidados.

Nuevos marcos estratégicos

En los últimos años vemos la consolidación de líneas de trabajo que amplían las temáticas tradicionalmente vinculadas a la igualdad de género, como la feminización de la pobreza, liderazgo de las mujeres, violencias machistas, entre otras, hacia ámbitos estratégicos de mayor alcance sistémico.

Entre ellas, destacan:

  • Fiscalidad y financiamiento con perspectiva de género: esta temática nos evidencia que los recortes en los servicios públicos aumentan la carga de los cuidados, y que los impuestos indirectos afectan más a las personas con menor ingreso o a hogares monomarentales. Por lo tanto, se busca propiciar un financiamiento estable de las políticas de igualdad desde el Estado y presupuestos sensibles al género.
  • Justicia climática con perspectiva de género: el cambio climático no es neutro, ya que mujeres y niñas enfrentan mayores riesgos derivados de desplazamientos, inseguridad alimentaria o pérdida de medios de vida. Frente a respuestas centradas exclusivamente en la ayuda humanitaria, la cooperación feminista propone abordar las causas estructurales de la vulnerabilidad climática, integrando la participación de las mujeres en la gobernanza ambiental y en los procesos de adaptación y mitigación.
  • Agenda de los cuidados y corresponsabilidad: somos conscientes de que los cuidados sostienen tanto la vida como la economía actual, y sin embargo estos mayoritariamente recaen sobre las mujeres, sin ser remuneradas por ello. En clave de cooperación feminista, esto se traduce en reconocer social y económicamente este trabajo, y redistribuirlo entre todas y todos. Por ejemplo, a través de la promoción de sistemas públicos de cuidados, corresponsabilidad social y protección de las trabajadoras del sector, especialmente mujeres migrantes.
  • Nuevas masculinidades: desde aquí se aborda una causa estructural de las desigualdades de género y las violencias contra las niñas y mujeres, ya que se cuestiona la concentración del poder formal e informal de los hombres. Se trata de involucrar a niños, jóvenes y hombres como aliados de la igualdad de género, a través de la prevención de las violencias y la reflexión sobre la salud mental y los cuidados cotidianos.

Del marco a la implementación

En el caso español, esta articulación entre política exterior y cooperación feminista encuentra un marco concreto en el III Plan Nacional de Acción sobre Mujeres, Paz y Seguridad (2026–2030). El Plan incorpora prioridades como la participación efectiva de las mujeres en procesos de paz, la protección frente a las violencias, la prevención de conflictos desde una perspectiva de género y la coherencia de políticas públicas en clave feminista.

En este contexto, las administraciones públicas, también en el ámbito autonómico y local, pueden desempeñar un papel importante alineando sus políticas de cooperación y acción exterior con este marco, donde se integre un análisis de género y poder en todas las intervenciones, además de reforzar el apoyo a organizaciones feministas locales en los países socios.

El reto, por tanto, no reside únicamente en incorporar el término “feminista” a la acción exterior, sino en garantizar que este enfoque atraviese realmente las prioridades presupuestarias, los mecanismos de financiación y los sistemas de evaluación. El III Plan Nacional de Acción sobre Mujeres, Paz y Seguridad ofrece una hoja de ruta para ello; sin embargo, su efectividad dependerá de la capacidad de las distintas administraciones para traducir estos compromisos en decisiones sostenidas y coherentes.

Ana Rodarte – Consultora Senior de Igualdad